Lorenzo y Miriam

Ene 30, 2017 | Semblantes

Gioconda Mota Gutiérrez

Miriam tiene 74 años y vive con su hijo Lorenzo en Escuque, una localidad del estado Trujillo. Él tiene 54 años y ella dice que es “el autista más viejo de Venezuela”. Miriam encaró la vida vendiendo helados, tortas, manejando busetas, cosiendo a destajo.  Nadie la apoya con su hijo, es la única que lo atiende.

Aunque la Ley para Personas con Discapacidad establece: “Quienes deban permanecer en escuelas especializadas por el grado de su discapacidad intelectual, deben ser atendidos, independientemente de su edad cronológica (Art. 18)“, la verdad es que a Lorenzo, en su escuela lo aceptaron hasta los 15 y “por díficil”, no lo recibieron en el taller laboral. Muchos años lleva encerrado en casa para que su madre pueda salir a trabajar.  Para protegerle, Miriam esconde los cuchillos, cierra el gas, trata de eliminar todos los riesgos.

Encierro amoroso

Lorenzo no habla, pero se viste, asea y come solo. De tanto encierro le ha dado por jugar con las hormigas, las chiripas, la tierra.  A veces, Lorenzo se viste cuando su madre va a salir y ella dice que es su forma de decir “llévame contigo”.  Cuando no puede, entra en crisis pronfundas y violentas.  Cuando lo lleva y ocurre una crisis en la calle, nadie entiende, a veces recibe ayuda solidaria, a veces no. Para Miriam, controlar la fuerza de Lorenzo es algo casi imposible. Con tanta falta de apoyo, Miriam prefirió “encerrar amorosamente” a Lorenzo en casa. Pero la verdad, es que Miriam no tiene ningún lugar u oportunidad para Lorenzo.

¿Sabemos cuántas personas con autismo viven en encierros amorosos? La vida pública, todos los beneficios y derechos que implica, es también imprescindible para las personas con autismo. Estas formas de “encierro amoroso” son también amargas e indignas formas de exclusión.

Miriam es beneficiaria de la Misión “En Amor Mayor”, pero el dinero no es suficiente en estos casos. Se requiere institucionalidad para la atención de los adultos con autismo mientras viven sus cuidadores y también, cuando ya no estén.  Ella no deja de preguntarse cada día de su vida ¿Qué pasará con Lorenzo cuando yo muera?

Nota: publicado en el periódico “Correo del Orinoco” el 20 de diciembre de 2.016

Share This