El inolvidable Dani

Ene 30, 2017 | Semblantes

Belkys Lovera, madre de adolescente con autismo

“Este año va a ser mejor que el anterior, ya verás”, le dije a María Russo el 2 de Enero. No imaginábamos el dolor que le aguardaba. Ese día ella me enseñaba a preparar platos sin gluten, sin caseína y sin los ingredientes no permitidos en el autismo.

En la tarde la llevé a su casa y paramos en la farmacia, pues su hijo mayor, Daniel José (Dani), había amanecido con vómitos. Esa misma noche ella fue a la clínica a  hidratarlo y de allí nunca salió de nuevo aquel muchacho bello, de tan sólo 32 años, compañero fiel de su madre.

Quienes conocemos a María (actual directora de Sovenia) sabemos de su dedicación al autismo, a la investigación y a su hijo con autismo severo. Día a día Dani acompañaba a su mamá al trabajo y permanecía allí en algunas terapias que intermitentemente le hicieron para mejorar su calidad de vida.

Aunque era no verbal se hacía entender muy bien, tenía un reloj interno impresionante, sabía buscar a María a la hora exacta de su almuerzo y tenía una independencia poco usual en una persona con autismo severo no verbal. No agredía ni se autoagredía. Su única travesura era robar algún alimento que estuviera a su alcance, por eso mi hija Isabella cuando lo veía acercarse le decía: “Respeta, Dani”.

Hoy la soledad se siente en la sede de Sovenia sin ti, Daniel Lahoud Russo, porque el sonido de tus pasos y de tus risas ya no se escucharán más.

Tuviste la suerte de tener una madre y un padre que te dieron amor y que se ocuparon de tu bienestar. Tus hermanos, Roberto y Marcel, aprendieron junto a ti la tolerancia y el amor incondicional. Fuiste una bendición inolvidable.

Seguirás siendo ejemplo de que el autismo severo no es sinónimo de agresividad o dependencia y mucho menos de encierro.

 

Comías e ibas al baño sólo, viajabas diariamente en autobús junto a tu madre, la acompañabas a reuniones, a cumpleaños y acudiste a unas sesiones de cuentacuentos que hice para personas con autismo. Sé que te gustaban esos encuentros, pero te aseguro que no te gustaban tanto como a mí, porque en esa hora me conectaba contigo. Gracias por enseñarme tanto. El mundo del autismo en Venezuela, Isabella y yo te recordaremos siempre.

Nota: publicado en el periódico “Correo del Orinoco” el 24 de enero de 2.017

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