Ahondar más allá de lo obvio

Dic 3, 2016 | Opinión

Eduardo Viloria Daboín

Si algo me ha hecho descubrir el autismo de mi hija Helena es que la expresión humana y la comunicación no suceden siempre por dentro de los rígidos cauces que la convención y la costumbre suelen demarcar como válidos y eficaces.
Con el tiempo y la convivencia con Helena y su autismo, he ido madurando la certeza de que aunque ella no descifre nuestros precarios signos lingüísticos orales y escritos, navega a cada instante surcos más hondos de la percepción y del lenguaje.
Así, la búsqueda para llegar a conexiones expresivas y comunicativas con Helena ha sido similar a la que he ido recorriendo (con la poesía, con la fotografía y con el cine) en el proceso de cultivar el vínculo con mi propia subjetividad, con el mundo que me rodea y con mis semejantes.
Intuyo, entonces, que algo de esto hay en la cercanía de Helena con el arte, primero con la música y ahora, en el presente, en esta etapa suya de adolescente, con la pintura y la expresión plástica. Con estas reflexiones comparto un poema que, como parte de este camino, escribí hace unos siete años:

 

Helena

 

Como un sol que en lugar de alumbrar cantara

se asoma tu corazón.

 

Traes de la noche

como mapa
una flor que suena
y un caracol a manera de brújula

para perseguir el mar.
No tienes nombre:

todo lo que palpita te pronuncia,
y es una flauta el aire donde miras.

 

No necesitas alas porque el viento es tu reino.

Nota: publicado en el periódico “Correo del Orinoco” el 29 de noviembre de 2.016

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